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LA DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA EN LOS CLÁSICOS

Por Santi Gallego
(21/22)
 

Harry Stradling ya era director de fotografía en 1921, y se hace de un nombre en la industria, gracias a sus trabajos con el director francés Jacques Feyder, me estoy refiriendo a "La Kermesse Heroica" (1935), y "La Condesa Alexandra" (1937), además de algún prestigioso título de la cinematografía británica como el "Pygmalion" (1938) de Anthony Asquith y Leslie Howard, o "La Posada de Jamaica" (Alfred Hitchcock, 1939). En Estados Unidos se da a conocer con sus creaciones en títulos de exito moderado, pero de innegable calidad como "La Ciudadela" (King Vidor, 1938), "El Diablo Burlado" (Sam Wood, 1941), "Sospecha" (Alfred Hitchcock, 1941), o algún Hitchcock menor como "Matrimonio original" (1941). La primera película que vi de Stradling (al menos conscientemente de que él era el director de fotografía) fue "La Comedia Humana" (Clarence Brown, 1943), y he de confesar que me quedé impactado por su fotografía, su majestuoso uso de la grúa (que desarrollará más adelante en sus musicales) y su brillante y luminosa utilización del blanco y negro, fue justamente su primera nominación al Oscar, a la que seguirían trece más. Aunque en los cuarenta empieza a usar el color, es por su brumosa fotografía para "El Retrato de Dorian Gray" (Albert Lewin, 1945) en blanco y negro, con algún instante en color, por la que recibe su primera estatuilla, pienso que era un justo reconocimiento a una carrera muy prometedora, que no defraudaría a nadie. Su paso al color, a partir de este momento es total, tanto en filmes con George Sidney, con Richard Thorpe, con Norman Taurog, con Charles Walters en "Tu Mano en la Mía" (1949), o incluso con Vincente Minnelli en "El Pirata" (1948); reservando también algún esporádico trabajo en blanco y negro, como es el caso de "Mar de Hierba" (Elia Kazan, 1947), o "Pasión Inmortal" (Clarence Brown, 1947), y dejando muy claro, que es tal vez, junto con Surtees y poquísimos más, el único que puede moverse al mismo nivel de maestría y modernidad en ambos formatos. Pienso que en los cincuenta Stradling ha alcanzado una plenitud y madurez absolutas como demuestran trabajos descomunales en blanco y negro como "Un Tranvía Llamado Deseo" (Elia Kazan, 1951), "Cara de Ángel" (Otto Preminger, 1953), "A Face in The Crowd" (Elia Kazan, 1957), o "La Ciudad Frente a Mí" (Vincent Sherman, 1959), pero en color no es menos genial, y se empieza a especializar en el musical con títulos como "El Fabuloso Andersen" (Charles Vidor, 1952), "Ellos y Ellas" (Joseph L. Manquiewicz, 1955), o "Eddy Duchin" (George Sidney, 1956), además de otros títulos en color, condenadamente bien fotografiados como "Un León en las Calles" (Raoul Walsh, 1953), "Johnny Guitar" (Nicholas Ray, 1954), y "Tía y Mamá" (Morton Da Costa, 1958). En los sesenta se centra mucho más en el color, y es fácil, siguiendo sus creaciones, adivinar cuales eran sus preferencias, "A Majority of One" (Mervyn LeRoy, 1961), "La Reina del Vaudeville" (Mervyn LeRoy, 1962), "My Fair Lady" (George Cukor, 1964) que le reportó su segunda y última estatuilla, "Funny Girl" (William Wyler, 1968), "Hello Dolly" (Gene Kelly, 1969) o "Vuelve a mi Lado" (Vicente Minnelli, 1970), donde cada vez más el trabajo de Stradling es una vibrante y cálida explosión de colorido, tendente a elevar, tanto como las canciones, el ánimo del público. Stradling fotografió las cuatro primeras películas de la Streisand, y tuvo que luchar denodadamente con aquella nariz, e incluso la sacaba realmente atractiva, murió de un ataque al corazón en 1970, durante el rodaje de "La Gatita y el Búho" (Herbert Ross). Entre sus últimos títulos, destaco también su "western", "El día de los tramposos" (Joseph L. Mankiewicz, 1970). El hijo de Harry Stradling, Harry Stradling Jr., obtuvo una buena acogida en sus inicios, consiguiendo éxitos en algunos trabajos con Blake Edwards o "westerns" con Burt Kennedy, pero sobre todo en "Pequeño, Gran Hombre" (Arthur Penn, 1970), "Muerde la Bala" (Richard Brooks, 1975), y muy especialmente en sus dos nominaciones al Oscar (que recordaban bastante a su padre) "Tal como Éramos" (Sidney Pollack, 1973) y "1776" (Peter H. Hunt, 1972), desgraciadamente en pocos años toda su reputación se fue al traste, y desde 1988 no trabaja.

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