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LA DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA DEL CINE ACTUAL

Por Santi Gallego
(3/8)
 

Desde 1997 hasta su último colaboración con Michael Mann ("The Insider"), Spinotti tuvo de nuevo que volver a trabajos sin apenas interés como "The Other Sister" (Garry Marshal, 1999) y "Goodby Lover" (Roland Joffe, 1999). En cambio este año, la magnífica "The Insider" sobre el escándalo de la CBS y las Tabacaleras ofrece tanto a Spinotti como a Mann la posibilidad de profundizar en su estilo visual urbano y nocturno de "Heat", ahora fuera del thriller; para lo cual crean unas formas visuales maravillosamente introspectivas que realmente taladran el alma torturada de su genial protagonista Russell Crowe. Spinotti realiza su trabajo más arriesgado hasta la fecha, usando de nuevo el Scope (geniales las composiciones de cuatro y cinco figuras metidas a distintos niveles del plano en el Scope todas perfectamente enfocadas), el primer plano, los azules y verdes, la subexposición en interiores, y la profundidad de campo, jugando con complicados enfoques y desenfoques para coger a personajes en muy distinto plano visual, al igual que una galería de arriesgadísimos primeros planos de cuellos con la cámara situada sobre el hombro del actor...en fin, nada de preciosismo esteticista, un ejercicio de técnica fotográfica creativo y arriesgado al servicio de una forma visual significante como pocas veces se suele ver en el cine, y además en un relato introspectivo, que a priori no se prestaba a ello. Una creación colosal de Spinotti que por su nivel de osadía e inventiva hace años muy probablemente no habría sido nominado, lo cual prueba el giro de la Academia y sus votantes hacia decisiones mucho más atrevidas y modernas. De los últimos trabajos de Spinotti, también es la película de Curtis Hanson (que parece que también se ha hecho adicto a él), "Wonder Boys".

Importante es también el australiano John Seale, habitual colaborador de Peter Weir, con el que descolló en "Único Testigo" (1985) y realizó otros trabajos menores en "La Costa de los Mosquitos" (1986) y "El Club de los Poetas Muertos" (1989), me quedo también con "Rain Man" (Barry Levinson, 1988), "El Aceite de la Vida" (George Miller, 1992), y sobre todo con "El Paciente Inglés" (Anthony Minghella, 1996) de entre toda su filmografía, ya que "City of Angels" es un bodrio que plagia con nulo éxito el gran filme de Wenders "Cielo sobre Berlín" (1987), podría extenderme más con esta nadería, pero ni lo merece, decir que los esfuerzos de Seale, con filtros incluídos, por sacar resultona, a una ciudad tan, a priori, poco fotogénica como Los Ángeles, son tan inútiles como los de su director, el incompetente y ñoño "videoclipero" Brian Silberling. En la mediocre "The Talented Mr. Ripley" (Anthony Minghella, 1999) su fotografía bella y cálida, pero algo blanda, para una Italia bastante fotogénica y luminosa, acaba defraudando por su incapacidad para ir más allá de lo más superficial de las formas, colores y seres...la de interiores es muy aburrida.

En otro estilo totalmente diferente se encuentra el norteamericano Robert Richardson, que surgió como un huracán de la mano de Oliver Stone en "Platoon" (1986) (debut y nominación al Oscar), y "Salvador" (1986), junto a "Nacido el 4 de Julio" (1989) y sobre todo "JFK" (1991) por la que ganó el Oscar, magistral uso del blanco y negro con un fundamento narrativo; estos son para mí sus mejores obras, teniendo en cuenta que Richardson ha fotografiado toda la filmografía de Stone, quitando aquellos petarditos iniciales y semidesconocidos anteriores a "Salvador". Richardson ha creado también para John Sayles, "Eight Men Out" (1988) y "City of Hope" (1991), "Algunos hombres buenos" (Rob Reiner, 1992) y la última película de Scorsese "Casino" (1996). Para mi gusto Richardson se encuentra algo atrapado en su estilo de fuentes de luz quemada, y combinación arbitraria de color y blanco y negro que tan bien le quedó en "JFK", donde lo usó por vez primera, pero que ha repetido hasta la náusea, debido principalmente a Stone que está abusando del "look" creado por Richardson con resultados nada elogiables en "El Cielo y la Tierra" (1993) "Asesinos Natos" (1994) y "Nixon" (1996). Aunque francamente, no sé a quien culpar, pues el documental de Errol Morris "Fast, Cheap & Out of Control" (1997), es una locura, una borrachera de texturas y formatos, usados de manera totalmente arbitraria, o sea un Richardson completamente desbocado. En "Giro al Infierno" (1997) de nuevo una película de Oliver Stone, la peor de las peores suyas, Richardson y Stone vuelven a lo de siempre, absolutamente "deja vu", o sea, nada nuevo bajo el sol. Su últimos trabajos, hasta el momento, en los que parece estar algo más inspirado y moderado que en sus anteriores tentativas, sin que tampoco eso sea decir demasiado, son el film de Barry Levinson "La Cortina de Humo", y el de Robert Redford "The Horse Whisperer" (1998), donde realiza un trabajo totalmente equivocado (e innecesariamente efectista, con una espantosa fotografía de interiores), alejado de su habitual estilo y zambullido en otro, que no domina, y que supone un nuevo traspiés en su carrera. Y como la vida de todo hombre está llena de valles y cimas, Richardson se desquita con "Mientras Nieva sobre los Cedros" (Scott Hicks, 1999), una auténtica obra maestra desde el punto de vista fotográfico, y que le ha reportado una nueva y más que merecida nominación de la ASC, olvídense de todo lo visto anteriormente, Richardson abre esta película con una secuencia de niebla en alta mar como no se ha visto jamás antes en la Historia del Cine, sin que se vea ni una luz, desde las tinieblas absolutas van emergiendo muy lentamente sombras difusas, formas y contornos, sin apreciar jamás fuente de luz alguna (realmente sobrecogedor). La película es toda una lección de Richardson, interiores magistralmente iluminados, llenos de negros y marrones, de tonos ocres y ambarinos (sin abusar de los tan manoseados filtros); una escena soberbia de una pareja haciendo el amor a través de una vidriera; una sala de tribunales cuya iluminación simula lámparas de petroleo, rodada con el diafragma muy abierto y Richardson atreviéndose a mover la cámara sin que se le vaya de foco; estancias donde el parpadeo de un quinqué se ha simulado prodigiosamente; unos electrizantes travellings laterales en un bosque tupido, un mar gélido de aguas negras y brillantes, etc., la película es muy visual y Richardson está colosal, arriesgadísimo, y nada efectista, da una verdadera lección de fotografía cinematográfica, y se hace digno de todas las alabanzas que gente como Janusz Kaminski acostumbran a derramar sobre él, y su talento; su enorme influencia sobre los más jóvenes y dotados directores de foto que actualmente trabajan en el cine norteamericano resulta de sobras merecida.

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