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UN POCO DE HISTORIA

Por Santi Gallego
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Podría también detenerme narrando los logros en la fotografía de exteriores de un Ted McCord, o en la contribución al cine negro desarrollando los juegos con las sombras, y los arriesgados trabajos con poca luz, en soberbio blanco y negro de los John Alton, Nicholas Musuraca, James Wong Howe, o incluso Lee Garmes, entre otros. Pero trato estos temas, con mucho mayor detenimiento en el apartado dedicado a los principales directores de fotografía de la historia del cine, donde incluyo pequeños estudios pormenorizados de cada autor, de las claves de su estilo, y de los principales títulos de su carrera.

¿Habéis visto? Ya está, no ha sido muy aburrido ¿verdad? El impresionante salto nos lleva al momento presente donde quiero resaltar algunas cosillas. Entre ellas el gran trabajo realizado por Vittorio Storaro en su investigación sobre la luz artificial, y los colores, algo de esto ya aparece en su obra "Apocalypse Now" (Francis Ford Coppola, 1979) y en mayor medida en "Corazonada" (Francis Ford Coppola, 1982) y "El Último Emperador" (Bernardo Bertolucci, 1987), pero donde explosiona definitivamente es en "Dick Tracy" (Warren Beatty, 1990), donde juega con colores puros, y con el efecto dramático que estos provocan en el espectador, en esta misma línea parece estancado "Tango" (Carlos Saura, 1998), o decididamente involucionista, en la para mí totalmente fallida "Bulworth" (Warren Beatty, 1998). Resaltar que la fotografía en blanco y negro es un arte desgraciadamente desaparecido, por el tipo de negativo, por los laboratorios de revelado, y por los propios cinematógrafos; no obstante aún he disfrutado con algunos logros muy puntuales, sobre todo con el gran Gordon Willis en los filmes de Woody Allen, "Manhattan" (1979), "Stardust Memories" (1980), "Zelig" (1983) y "Broadway Danny Rose" (1984), pero también con Bruce Surtees en "Lenny" (Bob Fosse, 1974), con Michael Chapman en "Toro Salvaje" (Martin Scorsese, 1980), con Freddie Francis en "El Hombre Elefante" (David Lynch, 1980), con Stephen H. Burum en "Rumble Fish" (Francis Ford Coppola, 1983), con Henri Alekan en "El Cielo sobre Berlín" (Wim Wenders, 1988), con Janusz Kaminski en "La Lista de Schindler" (Steven Spielberg, 1993), con Stefan Czapsky en "Ed Wood" (Tim Burton, 1994), con el veterano Henning Bendtsen en "Europa" (Lars Von Trier, 1991), con Robby Müller en "Bajo el peso de la Ley" (Jim Jarmusch, 1986) y "Dead Man" (Jim Jarmusch, 1996), o con el veterano Sven Nykvist en "Celebrity" (Woody Allen, 1998), por citar los títulos mejor fotografiados.

Como ya os he comentado líneas más arriba, no quiero dejar de mencionar la llegada a Estados Unidos en los años setenta de una serie de directores de fotografía que fueron determinantes en el nacimiento de un nuevo tipo de cine en aquel país, que venía de la mano de nuevos e interesantes realizadores como eran Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Woody Allen, Terrence Malick, George Lucas, Michael Cimino, Steven Spielberg, etc. Estos autores, muchos de ellos de formación universitaria, conocían el cine europeo y buscaban para su cinematografía un tipo de cine más realista, intelectual, más moderno, capaz en muchas ocasiones de fundir afortunadamente calidad y comercialidad, pretendían así tomar lo mejor de Europa pasándolo por el tamiz americano. En este cambio fueron vitales los directores de fotografía en los que necesitaron apoyarse, muchos de ellos eran reputados profesionales que llevaban años demostrando su buen hacer en el viejo continente (o jóvenes visionarios), otros eran jóvenes americanos, generalmente salidos de las facultades de cine.

Los primeros agrupaban a los húngaros Vilmos Zsigmond con impresionantes trabajos en "Los Vividores" (Robert Altman, 1971), "Deliverance" (John Boorman, 1972), "El Largo Adiós" (Robert Altman, 1973), "El Espantapájaros" (Jerry Schatzberg, 1973), "Obsesión" (Brian de Palma, 1976), "La Rosa" (Mark Rydell, 1979), y sobre todo en "El Cazador" (Michael Cimino, 1978), "Encuentros en la Tercera Fase" (Steven Spielberg, 1977) y "La Puerta del Cielo" (Michael Cimino, 1980), y Laszlo Kovacs autor de entre otras la fotografía de "Buscando mi destino" (Dennis Hopper, 1969), "Mi Vida es mi Vida" (Bob Rafelson, 1970), "Los Indeseables" (Stuart Rosenberg, 1972), "Luna de Papel" (Peter Bogdanovich, 1973), "Shampoo" (Hal Ashby, 1975) y "New York, New York" (Martin Scorsese, 1977); a los italianos Vittorio Storaro (que había trabajado intensamente con Bernardo Bertolucci) con creaciones deslumbrantes como las de "Apocalypse Now" (Francis Ford Coppola, 1979) , "Rojos" (Warren Beatty, 1981) y "Corazonada" (Francis Ford Coppola, 1982), y Giuseppe Rotunno (habitual colaborador con Fellini y Visconti) que dejó su impronta en "All That Jazz" (Bob Fosse, 1979), y es toda una gozada poder seguir disfrutando de su elegancia a pesar de haber rebasado los setenta años de edad, en "Las aventuras del Barón Munchausen" (Terry Gilliam, 1989), "Lobo" (Mike Nichols, 1994) o "Sabrina" (Sidney Pollack, 1995); al checo Miroslav Ondricek que pudo por fin volver a trabajar con Milos Forman (ahora en Estados Unidos) y dejó patente su clase en "Hair" (Milos Forman, 1979), "Ragtime" (Milos Forman, 1981), y "Amadeus" (Milos Forman, 1984); y por supuesto el español Néstor Almendros (que había fotografiado algunas películas de Eric Rohmer) que dejó evidencias de su maestría en el uso de la luz natural en "Días del Cielo" (Terrence Malick, 1978), y "El Lago Azul" (Randal Kleiser, 1980), y de su genialidad en "Kramer contra Kramer" (Robert Benton, 1979), y sobre todo en "La Decisión de Sophie" (Alan J. Pakula, 1982).

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